
Las células que «interrumpen el funcionamiento normal del tejido» son una preocupación creciente en el ámbito de la investigación médica. Estas células, también conocidas como células de basura, causan inflamación, matan a las células sanas, inducen fibrosis e inhiben la función de las células de crecimiento beneficioso. Los científicos afirman que estas células de basura «dañan activamente los tejidos en los que residen y pueden estar directamente vinculadas a las características del envejecimiento natural». Además, están asociadas a enfermedades como el cáncer, el Alzheimer, infecciones, la osteoartritis, niveles excesivos de azúcar en la sangre y lípidos en la sangre, entre otros.
El proceso natural del cuerpo para «sacar la basura» se llama autofagia, que se traduce del griego antiguo como «autodevorador». La autofagia puede ser entendida como una metáfora de lo que sucede a todas las cosas bajo presión: nuestros eslabones débiles, ya sean físicos o psicológicos, son sacrificados dolorosamente por nuestro bienestar.
Se cree que los seres humanos desarrollaron la autofagia en conjunto con los ciclos diurnos y nocturnos, dando lugar a lo que se conoce como ritmos circadianos. La investigación sugiere que el cuerpo tiene un código interno programado para activar la autofagia durante la noche, permitiendo así la reparación y rejuvenecimiento mientras se procesan los alimentos ingeridos durante el día.
Sin embargo, nuestras ventanas de alimentación diaria de 15 horas pueden interrumpir este proceso vital, según el investigador Panda. Al privar a nuestros cuerpos de las 12 a 16 horas necesarias para metabolizar completamente los alimentos y pasar al modo de autofagia, se acumula más «basura» en nuestras células. Como lo expresó un científico de Cedars Sinai: «Si comes… antes de acostarte, no vas a tener ninguna autofagia. Eso significa que no vas a sacar la basura, por lo que las células comienzan a acumular más y más escombros».
La interrupción de la autofagia puede contribuir al envejecimiento y a diversas enfermedades. Por lo tanto, es esencial prestar atención a nuestros hábitos alimenticios y a los patrones de sueño para garantizar que nuestros cuerpos puedan llevar a cabo este proceso vital de limpieza y reparación celular. La investigación en este campo sigue avanzando, y es probable que la comprensión de la autofagia y su relación con la salud humana siga evolucionando, ofreciendo nuevas perspectivas y posibles tratamientos para combatir el envejecimiento y las enfermedades asociadas.
